lunes, 8 de noviembre de 2010

viaje a Plovdiv


Tras días y días de vagueo bloguero, ya volvemos manos a la obra. Han pasado muchas cosas esta semana. Leti nos ha abandonado por un una oferta mucho más suculenta. Ha marchado de vuelta a España porque empezará el doctorado nada menos que en London! (Esa Letipeti, nos alegramos mucho). La echamos de menos, pero vamos tirando :). Ya hemos acabado el curso de inglés, nos dio un poco de penuca pero la verdad es que teniamos ganas de empezar a trabajar de una vez, aunque se nos están poniendo las cosas un poco difíciles, tenemos que contactar con Patricia (la que lleva las becas en Santander), que aquí se toman las cosas con demasiada pachorra.



Este fin de semana (sábado) hemos ido a Plovdiv, antigua capital de Bulgaria. Fue ocupada por los tracios en el 5º milenio a.c., por los macedonios y después por los romanos (etc), así que es una ciudad con mucho encanto. Fuimos con los gallegos y con la chica italiana, asi que lo pasamos muy bien. Nada mas llegar la ciudad nos encantó, parecia de un país mediterráneo, nada que ver con Sofia. Todo quisqui por la calle, paseando y en las terrazas descansando. Nos encontramos de frente con la mezquita Dzhumaya, del año 1364, y junto a ella las ruinas del estadio romano: una mezcla de culturas que nos encandiló. Un ratito después de llegar nos  fuimos a tomar un cafelito a una terraza muy chula a los pies de la Iglesia de Sveta Bogoroditsa.





Es segunda mayor ciudad de Bulgaria, pero está como dividida con el casco antiguo por un lado, y la ciudad en sí por el otro. Fuimos recorriendo poco a poco la zona antigua, paseando por las casas de Hristo Danov, Lamartine, las galerías de arte, etc. Entramos al museo etnográfico (por solo 1 leva) donde había todo tipo de cosas: desde utensilios de labranza (arroz, tabaco y rosas) hasta trajes típicos, habitaciones. Era un poco aburrido, la verdad, aunque una señora búlgara nos amenizó intentando que le compráramos unas telas y pañuelos que según entendimos (entre grito y grito ininteligible) había hecho ella. Una señora un poco loca, la verdad.

Después comimos en un restaurante búlgaro muy bonito. Nuestra mesa estaba en una especie de patio interior poblado de nísperos, tuvimos suerte de que ninguno cayera sobre nuestros platos. Total, que comimos por 11 euros muy bien, y con Kamenitza y todo, por supuesto.  Por último y con el buche lleno, fuimos a ver el teatro romano, muy bien conservado.


Para rematar la tarde, nos tomamos algo en una de las cafeterías de la plaza y conocimos a Rafaella, una chica italiana que estaba haciendo el erasmus en Plovdiv. Ya cansados cogimos el tren de vuelta a casa y llegamos sanos y salvos. No sin antes, claro está, pagar 17 levas por habernos metido en un tren que no era el que nos correspondía y por no haber tickado el billete, claro está. Como broche final, nos confundimos de parada y nos bajamos en lo que deben de ser los suburbios de Sofia, pero una chica que hablaba inglés (raro es) nos guió hasta el bus que ya sí nos dejó en la estación de tren correcta. Ni fiesta de nada, que no teníamos el "chocho para farolillos".


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